La pregunta es la siguiente (y perdóneseme la recursividad): ¿Quién, en una conversación sobre alguna película, y viendo que todos la tomaban como una especie de hito del cine… (Agréguele la nacionalidad o género que más le plazca) no ha dicho “sí, yo fui a verla al cine”? y sí, como una especie de visionarios del buen cine, nosotros decimos “sí, y yo fui a verla al cine” como si eso dijera que sos una especie de adelantado, algo así como una persona que sabe lo que hace, o como esos sujetos que guardan porquerías creyendo que en el futuro van a valer una millonada, del mismo modo el tipo va a ver una película con la leve esperanza de que en algún momento esa sea culto… bueno, este no fue mi caso, lejos está de serlo, porque la realidad era que iba al cine sabiendo que esa película iba ser menos trascendente que una tapa del diario Clarín diciendo que el gobierno es como “un nene malo, malo” la trascendencia queda anulada por la obviedad (me permito la comparación porque me divierte: Clarín es tan aburrido como una película de Hollywood sobre una chica enferma de cáncer que se enamora en los últimos meses de su vida del sujeto más idílico del planeta)… de hecho admitir que fui a ver la película que les voy a decir está, si se quiere, dentro de las cosas a las que denomino “y pensar que podría haber gastado la plata en otra cosa”.
Ahí va: el día que la estrenaron fui a ver “Troya” (2004, Wolfgang Petersen), sí, el film que vio todo sujeto que no creer que ver una película yanqui es como violar al buen gusto. Ahora… años después de ver esa peli entro en la madre de las indignaciones o del auto reproche (depende de cómo se mire). Ayer acabo de terminar de leer la “Ilíada” (un poema épico escrita por Homero, que nada tiene que ver con el Homero amarillo ni con el hijo de Pettinato, aclaración para los caídos del catre) y vengo a darme cuanta, aunque en el fondo mientras miraba la película lo sospechaba, que de la guerra de Troya que este buen poeta escribió en alrededor de 400 paginas, y que yo me tuve que tragar con los ojos en una semana, no hay absolutamente nada. Ser tan taxativa quizás me juegue en contra, pero déjenme de joder: Brad Pitt tenía un aprouch con Cassandra, y en el libro Aquiles ni sabe que esta señorita existe, del “caballo de troya” ni noticias, del sacrificio que hace Hector para los dioses matando a su hija en el libro puede ser que pase pero con un par de cabras, y así podría seguir, lo más probable es que el director haya dicho: “bueno muchachos, hoy vamos a empezar a filmar “Troya” y como saben, yo soy un tipo que respeta los libros, asique por favor, la gente de utilería, desparrame un poco de sangre por acá otro por allá, dibújenle un tajo a Orlando Bloom, y listo, empecemos”. Pero la cuestión no es esa, la cuestión es que una vez que terminé de leer el libro pensaba que tranquilamente este director podría haber respetado el texto y la película hubiera vendido de todos modos, ¿Por qué lo creo? Porque tiene lo que en mayor o menor medida una rama del cine estadounidense vende, y que podemos encontrar abarrotados en miles de películas: Enfrentamiento entre dos bandos, sangre hasta decir “basta”, alguna que otra historia de amor, personajes psicológicos (arrebatados, sufridos, dubitativos), estructuras magnánimas. Cuan mejor habría sido para mi la película si se hubiera arriesgado a hacer lo que un libro dice, y poder comprobar ellos mismo que lo que se escribió allá por el siglo VIII A.C quizás es lo que hoy todavía vende… empiezo a creer que hay directores que aun teniendo toda la plata para hacer una buena película sobre un libro que algún sujeto se tomó el tiempo para escribir, lo único que quieren es hacer su propia película, pero no teniendo guionistas a los que se les caiga una mísera idea se ocupan en cagar las buenas ideas del resto… a esos en mi barrios los llamamos resentidos.